Declaración de Bilbao por la Democracia Internacional

Queremos un mundo donde los derechos humanos, la igualdad y la equidad, en todos los aspectos políticos, sociales, económicos, y de manera especial en cuestiones de género, sean el mínimo común desde el que construir las vidas de nuestros pueblos.

democracia
19 junio, 2016

Queremos un mundo donde los derechos humanos, la igualdad y la equidad, en todos los aspectos políticos, sociales, económicos, y de manera especial en cuestiones de género, sean el mínimo común desde el que construir las vidas de nuestros pueblos. Donde la economía esté al servicio del interés general y las necesidades de las personas, y no las personas al servicio de una economía financiarizada, especulativa, descontrolada y opaca. Donde la sostenibilidad de la vida en el planeta y el bienestar de quienes lo habitamos sean compatibles. Donde las personas tengan la libertad de moverse libremente y, al mismo tiempo, el derecho a quedarse en sus países y vivir con dignidad.

Lamentablemente, nuestro mundo se aleja cada vez más de esta visión. Bajo el paradigma dogmático de la austeridad el sistema económico ha sacrificado, en nombre de los beneficios de unos pocos, esa aspiración a un desarrollo humano, derechos sociales y equidad de género vinculada a los derechos sociales. La desigualdad no deja de aumentar en nuestras sociedades; nuestro modelo económico se hace cada vez más injusto e insostenible para la vida de nuestras comunidades, otros pueblos y el propio planeta; en un mundo con cada vez más guerras y conflictos, la orientación de las políticas de seguridad ha demostrado ser no solo injusta sino también profundamente ineficiente. Mientras recortan y vacían de sentido derechos que son el resultado de las luchas de generaciones y el mejor legado de nuestros mayores, el poder de las finanzas, de las empresas multinacionales, de los flujos internacionales de capital, de sus agujeros negros y sus paraísos fiscales, no ha dejado de aumentar. Sin capacidad de control sobre esos flujos de capital, sin capacidad de redistribución social y de garantizar los derechos, es la capacidad democrática misma de nuestras sociedades la que se ve amenazada y cuestionada.

Ante esta encrucijada histórica, creemos que es el momento de apostar decididamente por un proyecto democrático internacional que aborde y resuelva estos desafíos en la escala en la que se presentan. Por eso nosotras y nosotros:

-Asumimos los derechos humanos, los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la equidad de género como una hoja de ruta vinculante para transformar los modelos actuales de producción y consumo, haciéndolos compatibles con el desarrollo sostenible en un marco de coherencia de políticas.

-Queremos recuperar la idea de una Europa democrática, que sea un espacio de derechos humanos, libertades, paz y cooperación frente a esta Europa austeritaria que hoy avanza hacia el abismo de la xenofobia, la exclusión social y la desigualdad. La austeridad amenaza nuestras democracias: queremos un modelo económico que anteponga los intereses de las mayorías sociales a los de los privilegiados, la banca y las multinacionales.

-Es necesario frenar aquellos procesos que, como la negociación del TTIP u otros tratados comerciales, pretenden desequilibrar cada vez más el mundo, otorgando un poder sin control a los grandes lobbies económicos y a las empresas multinacionales. La negociación secreta de tratados de este tipo cuestiona los principios básicos de nuestro modelo democrático. Exigimos transparencia en las negociaciones, y apoyamos la creación de un instrumento vinculante en materia de DDHH para las empresas multinacionales a escala internacional.

-Debemos apoyar la creación, bajo el mandato de Naciones Unidas, de una agencia fiscal intergubernamental capaz de hacer frente colectiva y globalmente a la indecencia de la evasión fiscal, de los paraísos fiscales y de los flujos ilícitos de capital. Las empresas deben pagar impuestos respetando la legalidad y allí donde generan sus beneficios.

-La reforma del sistema de Naciones Unidas y la incorporación de más mujeres en puestos de liderazgo es vital para impulsar un verdadero multilateralismo democrático como marco para la transformación de la gobernanza económica mundial. Debemos dotar esa estructura económica de una perspectiva de derechos y equidad de género, incluyendo un marco jurídico vinculante para los procesos de reestructuración de deudas soberanas.

-Los derechos humanos son para todas las personas. Hay que garantizar los derechos económicos, culturales, sociales; pero también la no discriminación por género ni identidad, orientación sexual o por raza. El reconocimiento y la garantía de los derechos de las mujeres, y la lucha contra todas las formas estructurales de discriminación y violencia contra ellas, debe ser una prioridad absoluta para todas las políticas públicas y los acuerdos internacionales, incluyendo los comerciales. Es necesario también impulsar la adopción de una Convención Internacional de Derechos LGTBI.

-Garantizar los derechos de las personas en movimiento es una obligación legal. Esto, aquí y ahora, requiere responder con dignidad a la crisis de las personas refugiadas y a la protección internacional contra la persecución, uno de los mayores logros del derecho internacional.

-La política exterior de nuestros Estados requiere una verdadera política de seguridad humana, que reduzca el número de conflictos mediante la promoción activa de la cultura de paz y la ampliación de los ámbitos y competencias del Tratado de Comercio de armas.

Bilbao, 19 de junio